10 tips para ser un espectador activo

Hacer comentarios imbéciles, hablar a los gritos, mandar mensajes de texto, atender el teléfono, contarle la película al de al lado y dejar que los chicos molesten a todo el mundo, son el must del espectador que, no importa dónde se encuentre, siempre se siente dueño de casa. A esto deben sumarse las teorías sobre la conveniencia de que el espectador sea participativo, es decir, que el espectador no sea espectador, sino actor. Por eso, hoy a los espectáculos no se va a ver y a escuchar, sino a ser visto y a ser escuchado. Y casi nadie se conforma con diez minutos de fama. Todos aspiran, por lo menos, a una hora y media o, incluso, dos. En esta nota, diez tips infalibles para demostrar que la verdadera estrella es usted.



1- Esboce la biografía equivocada de cada actor que sube a escena

“Uy, mirá, Luciana Salazar, no se parece nada a como sale en la tele”, diga señalando a Elena Tasisto a punto de decir un texto de Ibsen. Y sin esperar la respuesta agregue: “Che, pero Matías Alé, sale mucho más rubio” señalando a Alfredo Alcón. No tema quedar como un desubicado porque la desubicación es una forma de la audacia y ya se sabe que el mundo es de los audaces. No importa que todas las miradas se dirijan a usted con aire de reproche. Lo importante es ser un espectador participativo. De modo que siga participando.



2- Ríase a destiempo en la parte trágica

No importa lo que suceda en la pantalla, usted permanezca atento sólo a su película interior. Si entró dispuesto a ver “una de risa” y se metió en la sala equivocada, que a la protagonista la lleven a la cámara de gas, él se tire contra los alambres electrificados del campo de concentración y el niño se quede huérfano a los cuatro años no debe ser un obstáculo para que usted se ría con la misma risa estentórea que si estuviera viendo “Rambito y Rambón” por el canal Volver. Recuerde que alguien quemó la biblioteca de Alejandría sólo para pasar a la Historia. Por eso, no importa que le chisten y que a la salida la gente lo señale y se codee diciendo “ese es el tarado que se reía”. Si logró hacerse reconocer sólo por una carcajada, qué es lo que usted no lograría en Hollywood.



3- Compórtese como Homero Simpson

Mientras ante sus ojos se desarrolla un drama, usted coma, beba, mastique con la boca abierta, coméntele las bondades o desaciertos del menú a su acompañante, aflójese el cinturón, quítese los zapatos y, una vez con el estómago lleno, duérmase una siestita dejando que sus ronquidos se integren a la banda sonora de la película. Cuando se despierte, salga airoso dejando tras su paso una montaña de papeles engrasados, gaseosas volcadas y restos de pochoclo, producto al que usted debe llamar pretenciosamente por su nombre en inglés, “Pop Corn”, haciendo gala de su condición de políglota, es decir de persona que lo ignora todo en varias lenguas.



4- Retransmita la película a través del celular

No sólo no debe apagar el celular, sino que debe mandarles mensajes de texto a todos sus amigos y atender llamados en medio de la función. Hoy, por suerte, no sólo es posible contarle la película al de al lado describiéndole pormenorizadamente cada acción como si el otro fuera ciego, sordo, tonto o las tres cosas a la vez, sino también contársela a un amigo que está en otro cine pero que por nada del mundo quiere perderse la que usted está viendo. La tecnología ha multiplicado las posibilidades de participación y ha generado, en consecuencia, nuevas formas de ser un espectador insufrible. No las desaproveche.



5- Sea un padre comprensivo, deje que sus niños molesten

Un espectador participativo debe predicar con el ejemplo. Por eso conviene enseñarles a sus hijos que deben ser insufribles desde pequeños llevándolos a espectáculos que usted suponga que son para niños aunque no tenga la menor idea de qué se trata. Mientras sus chicos corren, gritan, se suben al escenario, se paran en el asiento, les machucan las rodillas a toda la fila y hacen todo tipo de desmanes mostrando una prematura vocación de inadaptados sociales, usted, con cara de feliz cumpleaños y con esa voz estentórea de burro encadenado que Dios le ha dado, debe mostrar la calidad de su fibra paterna y sus profundos conocimientos de psicología infantil interrumpiendo a cada instante con frases del tipo “Mirá, mirá, Santi, el payasito”. “Santi, papá te va a mandar al rincón a reflexionar: no se le orina al amiguito el vaso de Coca Cola”. “Basta, Santi, no se le roba el bastón a la abuelita”. “Basta, Santi, cortala, que te voy a reventar”.




6- Entre en trance místico en todos los recitales

Cierre los ojos, muévase como un poseso y coree a voz en cuello los temas de su artista favorito, ese por el que la gente hizo cola bajo la lluvia y rompió el chanchito para pagar la entrada. Haga caso omiso de las personas que están a su alrededor y compórtese con el mismo desparpajo que tendría si se estuviera duchando en el baño de su casa. No cualquiera canta a dúo en vivo con Sabina, con Serrat o con Mick Jagger invadiendo las orejas de los espectadores adyacentes como un arrasador Atila del pentagrama. Y no abandone su carrera al estrellato aunque alguien ose decirle que no pagó la entrada para escucharlo a usted. Es imposible ser el rey de los Hunos sin hacerles sangrar los tímpanos a los otros.



7- Tome un punto de apoyo y mueva el mundo

Una vez que haya apoyado su trasero en la butaca, hágale honor a Arquímedes de Siracusa, déle rienda suelta a su ansiedad y, si no logra mover el mundo moviendo frenéticamente una pierna, al menos logrará que toda la fila de butacas se sacuda como si hubiera adquirido un Parkinson repentino. Matice el temblor con movimientos bruscos, codazos, desplazamientos pelvianos y posiciones extrañas que hagan que, para sus vecinos, la función se transforme en un suplicio. Una actitud ideal para acompañar la proyección de “La tierra tiembla”, “Armagedón”, “La aventura del Poseidón” y “Terremoto”.



8- Haga palmas y baile pero siempre fuera de ritmo

Un espectador participativo debe estar en movimiento todo el tiempo. Por eso, haga caso omiso de que en los grupos escolares no lo convocaban ni para tocar el triángulo y de que su torpeza de movimientos sólo le permitiría integrar el ballet estable del Servicio de Ortopedia y Traumatología del Hospital Italiano. Demuestre su carisma bailando, cantando y batiendo palmas al lado del escenario y arengando a que lo sigan, aunque los músicos se pierdan anonadados por su salvajismo musical. Y no arrugue ante nada. Desestime, por ejemplo, el carácter fúnebre del Adagio de Albinoni e imprímale su ritmo desenfrenado mezcla de programa de Tinelli y Festival de Cosquín.



9- Pida siempre las canciones viejas

“Flaco, flaco, ‘Muchacha ojos de papel’, flaco”, pídale a Luis Alberto Spinetta como si no hubiera escrito otra canción desde 1969. “Jaime, tocá ‘Colombina’”, exíjale a Jaime Roos aunque haya venido a la Argentina a presentar su último disco. Pero no se conforme con que su pedido sea una sugerencia. Un espectador participativo debe destacarse poniéndose pesado, reiterando su pedido una y otra vez, hasta que el aludido se vea obligado a contestarle desde el escenario, lo que lo hará sentir que usted es alguien tan especial, que los artistas entablan con usted un diálogo exclusivo. Entonces, cuando su condición de persona “especial” haya sido reconocida, usted habrá logrado su objetivo. No importa qué signifique ser “especial”, lo importante es serlo a toda costa, aunque el artista increpado piense que usted es especialmente pesado, especialmente idiota y que su coeficiente intelectual es equivalente al de un especial de jamón y queso.



10- Anticipe en voz alta las escenas de la película

“Uy, ahora lo mata”. “Te apuesto lo que quieras que se queda con la chica”. Nada delata más a un espectador participativo que este ejercicio de futurología cinematográfica que el resto de los espectadores debe soportar estoicamente aunque tenga ganas de que el futurólogo salga eyectado de su butaca como el hombre bala, sufra un ataque de mudez repentina o resulte víctima de la furia de los espectadores silenciosos, esa especie en extinción. Sin embargo, es altamente improbable que los espectadores silenciosos se subleven, porque su superyó es tan fuerte que los obliga a sofocar todo impulso de asesinato. Tienen grabado a fuego que nunca el film justifica los medios.


Por Mónica López Ocón *

10 tips para atender mal al publico

Ya se sabe, quienes precisan comprar medio kilo de queso o una prenda de vestir, cobrar un cheque, tomar un café, solicitar información telefónica, saber por qué no hay luz en su casa o sacar entradas para el teatro, son enemigos públicos. En todo cliente, en todo contribuyente, en toda persona que hace trámites, habita un espíritu maligno. Nada bueno puede esperarse de la gente que pide, que pregunta, que molesta interrumpiendo a los encargados de atención al público en el momento mismo en que están comentando el último capítulo de “Valientes”, están mirando en su celular las fotos de las vacaciones o están comunicados telefónicamente con su familia para inquirir cuál será el menú de la noche. Personas sin escrúpulos, cargosos que ignoran el concepto de autoservicio y necesitan la ayuda de otro para resolver sus propios problemas y falencias. Encargado-dependientes, en fin, que se encargan de molestar al encargado –valga la redundancia– ya sea de atender un local de ropa, un negocio, un banco o una oficina pública. Por suerte, existen estrategias infalibles para desalentar a los atrevidos que exponen sus necesidades personales en los mostradores como si fueran virtudes. En esta nota, diez tips infalibles para que los que quieran saber algo sigan ignorándolo, los que precisan zapatos número 40 se conformen con un par número 37 y los que quieran queso gruyer se resignen al Mar del Plata.

1. No gaste en un empleado o empleada encargada de no informar, de no responder y de dejar que el cliente pase sus próximos diez cumpleaños colgado del teléfono.¿Está por montar una clínica? Eche mano de un contestador automático que diga: “Si se está desangrando, marque uno. Si tiene convulsiones, marque dos. Si está por pronunciar sus últimas palabras, marque tres. Si ya falleció, marque cuatro. Si es de los que ven una luz al final del túnel y deciden regresar, marque cinco o espere y será atendido”. Con ligeras variantes, el mismo procedimiento es válido para atender una funeraria, una heladería o una oficina pública. Graham Bell nunca soñó que a través de su invento se podría emular el maltrato humano.

2. Si está por montar un bolichito con pretensiones artísticas, elija un lugar inmundo y sin ventilación, pero que quede en Palermo o en algún otro barrio más o menos tilingo. Compre sillas chicas e incómodas que torturen el trasero de sus comensales, ponga poca luz para que no se vea la mugre, contrate mozas y mozos que jamás hayan llevado una bandeja, sirva palitos húmedos, maníes rancios, cerveza caliente y cierre trato con una banda de músicos ignotos que suene espantosa. Es muy importante que la banda en cuestión sea numerosa, aunque no quepa en esa tarima que finge ser escenario. Cada músico traerá como mínimo un invitado que deberá pagar entrada y consumición como cualquier hijo de vecino. De esta manera salvará la noche. Y a no quejarse, que la incomodidad es el precio del esnobismo.

3. El celular siempre tiene razón. Jamás interrumpa un llamado porque a su negocio entró un cliente potencial. Si realmente viene a comprar, será capaz de esperar quince minutos hasta que usted termine de intercambiar tonterías con su interlocutor de turno. Si se va antes de que se cumpla el cuarto de hora de espera, es que no tenía intenciones reales de comprar. En ese caso, hizo bien en no cortar: era un molesto que sólo quería preguntar. Si se la banca, siga tratándolo mal porque va a comprar de todos modos. Por eso, mientras el cliente potencial le pide lo que necesita, consulte sus mensajes de texto y sonría por la ocurrencia del remitente. Y si al atrevido comprador se le ocurre pedirle algo que usted no tiene en existencia, ni se moleste en contestar. Limítese a hacer el gesto de “no” con la cabeza con aire sobrador. ¿Quien puede ser tan desvergonzado como para pedir justo lo que no hay?

4. Si usted atiende un negocio gastronómico, asegúrese de maltratar adecuadamente a los comensales. Un mozo que se precie debe dejar vagar la mirada en lontananza, mientras el cliente, para pedir una gaseosa, saca a relucir todo lo que aprendió en sus cursos de mimo. Ignorarlo es parte del servicio que brinda la casa. Luego, llegado el momento de cobrarle, desaparezca por largo tiempo con los $ 100 que le dio para pagar una cuenta que no llega a $ 20. Y no admita protestas. Si el señor está apurado, es un problema de él, no suyo. ¿Desde cuándo los rehenes determinan cuándo quieren dejar de serlo? Que no le discutan, que usted hizo el curso de mozo en las filas de las FARC.

5. Desconfíe del cliente potencial que utiliza el potencial. Si le dice “me gustaría saber si tienen el pantalón de la vidriera en otro color”, responda literalmente a lo que le pide con un “sí” (o un “no”) y gesto adusto. En otros términos, “no suelte prenda”, es decir, ni se le ocurra mostrarle el pantalón en otros colores. A lo sumo, si el cliente se pone cargoso, enumérelos. Que el verde es verde y el azul es azul en todo el mundo. Como la música, el color es un lenguaje universal. Sí, es cierto, como en la música, también existen los tonos, pero usted vende pantalones, no da clases de teoría y solfeo.

6. Si a usted le pagan por cargar la tarjeta Monedero, vender el Subte Pass o atender una caja bancaria, limítese a sus funciones. Que no intente el desconsiderado del cliente preguntarle si esa línea de subte pasa por la estación Dorrego o si un cheque cruzado puede cobrarse en ventanilla. Neutralícelo hablando con su compañero mientras lo atiende sin mirarlo. Por dar información, se cobra, y usted no es periodista, detective, ni agente de la CIA.

7. ¿Usted pertenece al grupo de los abnegados laburantes que se empeñan en vender a toda costa? Eche mano de los argumentos ad hoc para clientes idiotas (es decir, para todos los clientes). Por ejemplo, si los zapatos que se probó le aprietan, dígale que se estiran. Si, en cambio, le quedan grandes, asegúrele que se contraen. Si el cierre de los pantalones no sube, infórmele que es la última moda en Londres y queda re cool andar por la vida con el cierre a media asta. Si aun así el cliente insiste en no comprar lo que se prueba, enójese y argumente que no es que los productos sean inadecuados para él, sino que él es el inadecuado y genérele culpa: “¿No te das cuenta de que tenés los pies asimétricos, la cadera ancha y el cuerpo chingado?”

8. Si usted es el encargado de encauzar la larga cola de clientes, contribuyentes o pacientes que esperan ser atendidos, debe saber que los tiene en sus manos. Para acceder al vendedor, la ventanilla o el profesional, deberán esperar donde usted dice y como usted dice. Sienta el poder de ser arbitrario. Si hace 40 grados, que esperen al rayo del sol. Si llueve, que esperen bajo la lluvia. Y no permita que alguien pretenda convencerlo de que no viene a hacer ese trámite, sino otro. Porque para convencerlo también tendrá que hacer cola.

9. El cliente es un ansioso que quiere todo rápido y fácil. Por eso, los lugares de pago rápido y fácil hacen los pagos tan lentos y difíciles. Es que tienen una función terapéutica y educativa: el movimiento slow ha llegado a todas partes. Para pagar la luz, por ejemplo, hay que hacer una larga amansadora en una farmacia. Para pagar el gas, una larga amansadora en un supermercado. ¿No se refleja en esta falta de sentido el sinsentido mismo de la existencia? Sí, el pago rápido es una escuela de vida: atienda la farmacia o la caja del supermercado y no cobre jamás el servicio que el cliente necesita pagar, así este desarrollará tolerancia a la frustración. Además, oblíguelo a abonar con cambio y a esperar lo que sea necesario. Roma no se construyó en un día.

10. Al pasajero hay que domesticarlo. Comience por ponerlo a prueba haciendo que se desgañite elevando su voz sobre los gritos de la radio y los mensajes de la base para lograr que le indique cuál es su destino. Y una vez que el pasajero lo haya logrado, dígale que precisamente no va para ese lado, que tiene que entregar el auto o llevarlo al mecánico. Pero si elige hacer el viaje, abrúmelo con los relatos de su vida íntima, sus consideraciones políticas, sus insultos al resto de los conductores, sus maldiciones a piqueteros y manifestantes y sus frenadas intempestivas. Y cuando el pasajero se haya convertido en una verdadera piltrafa, sólo entonces, continúe jugando a la patrulla policial con la chica de la base, dirija contento, 341 y deposite al masculino o al femenino en el destino indicado.

Por Mónica López Ocón, Editora de Cultura e Internacionales de NOTICIAS |

Fuente: http://www.noticias.uol.com.ar/edicion_1705/nota_03.htm

Los 5 tipos de mujeres de las que todo hombre se enamora en algun momento de su vida.

La delicada:
La delicada es una etérea y virginal muñequita de piel translúcida, frágil cabello rubio, ojos claros y finos rasgos. Sus movimientos son elegantes, su risa sutil y su voz siempre suave. Es tímida y dócil en todos los casos y jamás se enoja o levanta la voz. Es obediente y sumisa, quiere tener muchos hijos y dedicarse a su familia con esmero. Su ropa es cómoda y femenina y ni siquiera en una fiesta se viste sugerente o provocativa. Le gustan los colores pastel, los saquitos finitos y los bordados. Tiene una medalla milagrosa en el cuello y algunos anillitos de oro finitos en sus ligeras manos de ninfa. Aunque jamás toma la iniciativa o deja entrever sus intereses amorosos, su comportamiento aniñado de mujercita despierta en todos los hombres el deseo de protegerla como a un pajarito con la patita quebrada.

La vieja fogosa:
La vieja fogosa es una arrebolada comehombres con un omnívoro apetito sexual. Para ella, absolutamente todo está relacionado con la sexualidad, y tiene un eminente talento para infectar cualquier diálogo con su prosáica mitificación de la carne y el fuego. Usa expresiones como "tener buena cama" aproximadamente veinticinco veces por día y lee únicamente al marqués de sade, a Lawrence Durrell y a Antonin Artaud. Va al taller literario de Dalmiro Sáenz, en donde corrige sus interminables crónicas pornográficas sin sentido. Siempre se tiñe de pelirrojo, usa medias panty negras y tapados oscuros hasta los tobillos. Fuma provocativamente, toma mucho café y su voz es ronca y quebradiza. Visita teatros, cines, y lee en bares de la calle Corrientes, en donde también se encuentra con amigos con quienes conversa acerca del "quiebre del teatro", el "no-teatro" y la erotización del arte. Le encanta ser la amante de alguien comprometido o acostarse con mocosos sedientos de aprendizaje que luego terminan enamorándose de ella hasta la anorexia.

La perfecta
La perfecta es casi siempre médico, arquitecta o abogada. Tiene una rutina inquebrantable y es la mujer orquesta: jamás llega tarde al trabajo, siempre luce demencialmente impecable, sabe un poco de todos los temas, y su cartera es un botiquín de primeros auxilios, un camarín y una alacena. La eligieron abanderada y “mejor compañera” durante toda la escuela primaria, y en la secundaria fue delegada, “Reina de la primavera” y diploma de honor. Nunca tuvo piojos en el colegio, nunca se hizo pis encima en el jardín, nunca se resbaló en la calle, nunca se le quemó una torta, nunca tuvo resaca después de una borrachera, nunca se le corrió una media en una fiesta y nunca, pero nunca, reprobó una materia.
Los hombres se enamoran de ella porque fantasean con la vida armoniosa y fluída que tendrán a su lado: camisas planchadas, dos hijos amorosos, carreras envidiables y una casa con cerco blanco que nunca se despinte.

La cool
La mujer cool puede ponerse un vestido de la abuela, la campera del colegio secundario, una frutera en la cabeza y botines de fútbol y lucir como la tapa de Vogue. Está siempre un paso adelante de las demás: todo lo que organiza es divertido y original, escucha los mismos grupos que los otros pero desde que no habían sacado el primer disco, y tiene amigos chic en el ambiente de la música y el diseño que la invitan todos los lugares a donde hay que ir.
La mujer cool es siempre DJ o diseñadora gráfica, de indumentaria o industrial. Vive sola, tiene un gato, y casi nunca está en su casa porque vive en ferias, restaurantes y reuniones con amigos. Rara vez se enamora, pero en el trabajo y en la facultad, cuando camina por los pasillos envuelta en su colonia de peras y malvaviscos, los hombres se mueren de amor y las mujeres de envidia.

La puta autodestructiva:
La puta autodestructiva es un agujero negro con piso en el infierno. Tiene problemas con la familia, con la justicia y consigo misma, y siempre elige hombres que la sacuden, le roban, o la embarazan y la abandonan. En general tiene alguna adicción severa: es drogadicta, anoréxica o alcohólica, y jamás se somete a un tratamiento. Su vida es una película de Hallmark Channel que concluye en el primer acto, porque cada vez que se encamina, ella vuelve a arruinarlo todo. Su repertorio de actividades es sórdido y desolador; mientras la rutina de otras mujeres es estudiar, trabajar, leer, hacer compras o tomar mate, la puta autodestructiva mata el tiempo chocando, desapareciendo, abortando, emborrachándose o revoléandose zapatillas con el novio en el pasillo de un hotel.
Todos los hombres buenos e inocentes quieren salvarla y transformarla en una mujer normal, pero es imposible: la puta autodestructiva es una valija de doble fondo, ni bien logran limpiarla de drogas y verla sonreir, se corta las venas en el baño la noche de bodas.


Robado de www.elforro.com

Por personas como ud!!

"¿SABE POR QUÉ DEFIENDO A MARADONA? POR PERSONAS COMO USTED"




"Una oyente dice: 'Estimado Dolina, ¿ya no defiende más a Maradona? ¿O acaso ya no hay ningún Sargento Cruz? Vea: Ud. ayudó a alimentar al monstruo que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial. Cordialmente. Ingrid Hammer'.

Mi respuesta es SÍ. Yo he resuelto -después de un extravío- bancar a Maradona en esto. ¿Sabe por qué? Por personas como usted. La indignación burguesa que sucedió al exabrupto de Maradona fue totalmente patética y asqueante. Un mundo totalmente hipócrita, el mundo de la radio, donde se escucha eso mismo que Diego dijo bajo emoción violenta, pero libreteado (y en la televisión ni hablemos), ese mundo se indignó. Esos tipos se indignaron. Y esa indignación burguesa me hace ponerme inmediatamente en la vereda de enfrente.

Y lo que un tipo dijo, obnubilado por el momento, por la emoción, por su propia historia, y por su propia condición, después fue repetido ad nauseam por todos los noticieros, con subrayados, subtitulados, duplicaciones, ampliaciones y circulación por Internet, por tipos que no estaban ni obnubilados, ni en estado de emoción violenta, ni perturbados por ninguna cosa, sino que lo planearon diecinueve mil veces. Esos tipos ahora se ponen en la superioridad moral de preguntarme a mí si lo defiendo a Maradona. Bueno, sí, lo defiendo. Si es contra ustedes, lo defiendo. Lo defiendo totalmente.

Y eso de "que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial"... ¡Cipayos provincianos que quieren quedar bien con sus supuestos amos europeos! ¡Yo no tengo ningún interés en quedar bien ante la prensa mundial! ¡No es ésa nuestra obligación! ¿Qué tenemos que quedar bien ante nadie? ¿Ante quiénes? ¿Ante gobiernos que aniquilan a sus enemigos? ¿Ante quién tenemos que quedar bien? ¿Dónde esta la Fiscalía del Universo? ¿Dónde está la reserva moral de la Humanidad? ¿En Estados Unidos? ¿En Europa? ¡Déjeme que me muera de risa, Ingrid Hammer!

Y otra cosa: muchas veces, pero muchas, en los medios se dicen cosas muy interesantes. Yo he escuchado casi revelaciones, a veces, dichas por tipos a los que yo admiro mucho. A veces son intelectuales, como, no sé, el finado Casullo, o Dubati, o José Pablo Feinmann, tipos que realmente tienen un pensamiento interesante. Otras veces son artistas, o incluso locutores, del calibre de Larrea, o de Carrizo, tipos que por ahí dicen cosas que te hacen decir "pero mirá que bien pensó éste". Bueno, a esos NUNCA, nunca los vi duplicados en los noticieros, con subtitulados y subrayados. No los vi nunca porque a esta gente no le interesa el pensamiento ni la inteligencia, le interesa la BASURA. Y entonces Maradona dice esto y ellos lo repiten ciento diez mil veces. Eso es un asco.

Así que ¿a qué jugamos? ¿Qué es esto? ¿Qué es esto de indignarse, de enojarse y de sorprenderse? Lo dice un Senador de la Nación, y es un piola. Lo dice Maradona, y aparece todo el racismo, todo el desprecio por los pobres, aparecen los de siempre, los muchachos de siempre, a indignarse: ¡oh, la cultura! ¡Nuestro embajador! ¿Qué embajador? Es Diego Maradona, viejo. Los que tienen que ser cultos son ustedes, no él. Él tiene que dirigir la Selección de Fútbol, y si lo eligieron a él, bueno, es ése, y no Pancho Ibáñez.

Así que sí, lo defiendo a Maradona. Ante usted lo voy a defender siempre".

Alejandro Dolina

Un genio


"HABITANTES DEL PLANETA, YO FEDERICO MANUEL PERALTA RAMOS, ME DIRIJO A
VDS. PARA COMUNICARLES LOS MANDAMIENTOS DE UNA NUEVA RELIGION QUE HE
INVENTADO"

1.- Ser gànico (significa hacer siempre lo que uno tiene ganas.)

2.- Hay que irse a los bofes.

3.- A Dios hay que dejarlo tranquilo.

4.- Perder tiempo.

5.- No perder tiempo.

6.- Regalar dinero.

7.- No distraerse.

8.- Ampliar la esencia hasta llegar al halo.

9.- Vivir poeticamente.

10.-Hacer programas aburridisimos.

11.-Tratar de divertirse todo el tiempo.

12.-Creer en el gran despelote universal, tomar como punto de referencia eso.

13.-No endiosar nada.

14.-Superar lo controlable.

15.-Superar el plano fisico.

16.-Jugar con todo.

17.-Darse cuenta.

18.-Creer en un mundo invisible mas alla del plano fisico, mas alla de los
lejos y de los cerca.

19.-Hay que andar liviano en este mundo...o no.

20.-Provocar movimiento.

21.-Despreciar todo.

22.-No mandar.

23.-Flotar.

24.- Clavar esto con una chinche en la pared.

En algo le estamos errando......


COMPOSICIÓN ESCOLAR DE UN ALUMNO DE EGB2. PUBLICADA POR EL DIARIO NORTE DE RESISTENCIA -Chaco- EN SU EDICION DEL 07 /11/06 (PAG.42).
ENVIADA AL DIARIO POR BELEN ALVAREZ, DIRECTORA DE ESCUELA DE LA LOCALIDAD DE QUITILIPI-CHACO



QUE ES LA JUSTICIA SOCIAL ?

La maestra nos dio como tarea hacer una redacción con este título.
Yo descubrí que la Justicia Social es la mejor ayuda para los pobres y permite a las personas vivir sin trabajar. No me resultó muy difícil por que es el caso de mi familia y otros vecinos.

En casa estamos todos muy contentos, el único que está enojado es mi abuelo que protesta por que cree que así no se levantará el país. El sale a cortar pasto en los otros barrios, limpia jardines y arregla bicicletas. Dice que eso es ganarse la vida, pero mis padres se ríen y piensan que él está fuera de onda.

Antes vivíamos en la casa de mi abuelo, que es grande pero algo vieja. Papá se ocupaba de mecánico y mi mamá vivía quejándose, porque además de trabajar para su patrona, también tenía que lavar las ropas y las camisas engrasadas de papá. Mi hermana cocinaba, mi hermano era cadete y yo hacía los mandados. Siempre íbamos a la escuela porque mi abuelo le dijo a mi papá que si no nos mandaba, teníamos que irnos de su casa.

Ocurrió que una tarde llegaron unas señoras que parecían maestras, pero no eran. Mi papá no quiso atenderlas y hablaron con mi mamá.
Le dejaron unos papeles. Durante la cena mi mamá dijo que el tema era la Justicia Social y contó lo lindo que sería porque nos darían una vivienda nueva y gratis. Mi papá se rió y mi abuelo se quedó muy pensativo. Al final papá fue a firmar los papeles. Y era cierto!!!.

Cuando inauguraron el barrio nos fueron a buscar en un colectivo.
Conocimos al gobernador y otros altos funcionarios. La casita es increíble: tiene baño, cocina, canillas con agua y focos por todas partes. Aplaudimos tanto porque también dijeron que no tendríamos que pagar impuestos ni agua ni luz. Otro día volvieron las mujeres con más papeles. Mi mamá se ocupó de sacar fotocopias de todos los documentos de la familia. Al tiempo las señoras le vinieron a mostrar la lista y le dijeron que tenía que ir a cobrar como Jefa de Hogar.
También llegaron unos muchachos y le mostraron otra lista para ir a retirar las mercaderías de los galpones.


Despues mi papa se fue a una reuníon del barrio y consiguieron un comedor donde vamos todos los chicos y tambien traemos una ollita a nombre de mi abuelo, pero el no saba nada, que si no arma un lío bárbaro. Ayer inauguraron una sala para tener remedios gratis. Mi mamá esta muy contenta, ya no tiene que ir a lavar la ropa y mi papá ya no le trae camisas engrasadas porque aceptó ser el referente del barrio y cobra un plan.Le prometieron que si ganamos la intendencia lo pasaran a contrato seguro.

Tiene que repartir los papeles, hacer las listas y ayudar en los actos.


Mi hermano mayor se hizo piquetero, le dan ropa y le pagan doble cuando hace turno noche.Cuando sea mayor de edad le darán un plan. Mi hermana y yo cobramos la beca escolar, aunque este año fuimos poco a la escuela por los paros y porque faltamos por las manifestaciones.
Sólo mi abuelo no aceptó el beneficio de la Justicia Social y sigue viviendo solo en la casa vieja. Mi papá dice que es porque esta fuera de onda y es un viejo amargado.


Cuando sea mayor, voy a ser piquetero, despues me gustaria ser referente del barrio y ayudar a los pobres para que todos gocen de la Justicia Social y no tengan que andar trabajando por unas miserables monedas, como dice mi papá.

Incendio

La otra noche mientras cenaba con mi novia, vi pasar a los bomberos y la verdad me llamo mucho la atención que nadie pero nadie (a pesar de las sirenas y las luces) se dio vuelta a mirar y esto me puso a pensar un poco. ¿Tan mal estamos? ¿Tan poco nos importan las cosas ya?
Yo me crié en un barrio de incendios, si aunque suene raro es así, dock sud siempre tuvo muchos conventillos y dos por tres alguno se incendiaba y tengo ese recuerdo bien grabado. Sonaba la sirena y todos los vecinos (incluidos mi abuela y mi abuelo) salian a ver donde habia sido el incendio, ayudaban a rescatar lo que se podia, daban asilo a la gente sin casa y entre todos los vecinos ponian lo que tenian para tratar de ayudar entre todos a la gente que perdia sus pocas cosas (dock sud fue y es un barrio humilde).
Solidaridad, compañerismo, altruismo, llamenlo como quieran pero los que menos tenian al final eran los que mas terminaban ayudando y ahora al pasar los años veo que eso ya no existe y si existe lo tenemos bien escondido, es una pena, en alguna parte perdimos el hilo perdimos el ser buena persona o la solidaridad.
Y a partir de ahora que?